miércoles, 4 de julio de 2007

No es que la Extrañe

No es que la extrañe, es que la traigo dentro.

Se siente aquí, en mí mismo, viva, temblorosa, risueña o triste.
Avanzaba poco a poco, sin darme cuenta tomó posesión de mis pensamientos, mis sensaciones, mis anhelos y mis inquietudes, de mis palabras, mis sueños.

Y es hermoso. Es hermoso cuando la veo feliz, contenta, y yo mismo me siento completo, feliz también.

Dormido hablo con ella, la hago sonreir, la acaricio, la sueño, y me despierta y vive conmigo, y se mete un poquito más y se convierte en mi dueña otra vez, sin poder (ni querer) hacer nada por evitarlo.

No es que la extrañe, es más que eso.

Es anhelarla, sentirla, pensarla, saberla hermosa, frágil pero omnipotente, encantadora.

Es quererla al despertar, imaginarla cuando no queda más que eso, es adivinarla cuando estoy triste, cuando estoy contento, incluso cuando no quiero saber más de ella; anhelarla, anhelarla, pensarla, quererla siempre, siempre.

Es saber, pero saber realmente, que es la única mujer sobre la tierra que es para mi, y sentir que soy para ella, que quiero vivir para ella.

No es que la extrañe, es que la vivo.

La vivo cuando estoy solo, y recuerdo sus manos, su pelo, su sonrisa, todas esas cosas que hace sin darse cuenta (ya estoy embrujado de nuevo), esas cosas que ella y sólo ella puede hacer en el momento justo, con la intención adecuada, de la manera en que solo ella puede. Y es que solo ella es ella.

Sonrisa, tibieza, mirada, belleza, comprensión, amor, mil cosas. Pero sobre todo, mujer, mi mujer. Diosa. Ella.

¿La razón de mi existir? ¿Embrujo? ¿Ilusión? ¿Tan solo una mujer?
No lo sé. Sólo se que

Ella es la gran culpable de mi esperanza.

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