Quizá con el suspiro que sale de mí al recordarte. Con lágrimas, como tú sabes que ha sido. Quizá con la mirada, con esa mirada de la que sólo tú eres dueña. Con los sueños compartidos, con los planes que nunca terminan, pero que nunca se van. Con la cara de estúpido (de tontito, como tú benevolentemente dices) que pongo al verte. Con el vacío, la amargura, la frustración, el cansancio, el coraje, la tristeza que se siente cuando las cosas no están bien. O con las palabras que lees, que haz leído tantas veces. Con mis acciones, con mis palabras, con tus mismas reacciones. Con tus palabras en mi boca, con el modo de hacer tal o cual cosa, con tus costumbres que ahora son mías, con la sonrisa que arrancas de mí cuando se te viene en gana, con las horas que vuelan cuando veo tus fotos, cuando platico contigo, cuando hablamos o cuando estamos en silencio, cuando hacemos nada y somos felices, a pesar de que seríamos los más infelices si estuvieramos solos.
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