En las tardes/noches de frío, como hoy, me odio.
Y, a veces, me odio también cuando hace calor. En realidad, el clima no es un factor determinante. Odio mi estupidez.
Suelo ser estúpido de tiempo en tiempo, quiera o no (aunque, ahora que lo pienso, no creo haberlo deseado alguna vez (porque la estupidez no es lo mismo que la locura)). Por más que me esfuerzo por no serlo, ahí está otra vez, un día, de pronto. Y sólo me resta asumir las consecuencias. (No me gustan las consecuencias de mi estupidez, por lo tanto, no me gusta mi estupidez. Que listo soy.)
Ahora mismo, dentro de mi está esa sensación. Ese vacío que se siente cuando sabes que fuiste estúpido, y te ves obligado a asumir las consecuencias. Es muy parecido al vacío del miedo, o al de la incertidumbre, pero se ve condimentado con un poco de culpa. Y la culpa hace que te sientas peor. Entonces, la culpa tampoco me agrada.
En resumen, me siento mal. Soy estúpido. Y reincidente.
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